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Coevaluación, autoevaluación y heteroevaluación

Anabel Quesada

Publicado el 03/01/2019 19:01

Actualmente la evaluación tiene gran relevancia dentro de nuestro sistema educativo, pero se está abogando por un  modelo de evaluación única y final donde el alumnado demuestre su aprendizaje en un único examen. Un modelo tradicionalista que evalúa únicamente el aprendizaje memorístico y que otorga solo al profesor la facultad y responsabilidad de evaluar.
La evaluación debe ser entendida como un proceso de adquisición de competencias, destrezas, conocimientos, habilidades, valores, así como debe ofrecer al alumnado una visión de cuál es su punto de partida y tras un trabajo donde haya tenido que investigar, buscar, resolver, entender, etc., cual es el su evolución. 

Para entender correctamente el término de evaluación es necesaria una aproximación terminológica, como expone López, M. S. F. (2017), la evaluación es la valoración -dar valor- que se lleva a cabo, a partir de la observación y análisis de los datos, ya sea del proceso de aprendizaje con el fin de tomar decisiones orientadas a mejorar el trabajo y ayudar a progresar (evaluación para el aprendizaje y como aprendizaje), o de la consecución de unos objetivos o del nivel de dominio en el uso de la lengua, con el fin de llevar a cabo un juicio o una calificación (evaluación del aprendizaje).

Además no existe un único modelo de evaluación, esta difiere según el momento en el que se realice, por ello encontramos variaciones como: 

 

  • Evaluación inicial: tiene por objetivo obtener un conocimiento del marco general en el que tendrá lugar la acción docente. 
  • Evaluación formativa: se trata de un proceso de evaluación continua. 
  • Evaluación sumativa: consiste en establecer unos balances que sean fiables de los resultados finales que se han obtenido del proceso de enseñanza-aprendizaje

Asimismo existen distintos procedimientos de evaluación, distinguiendo así entre:

 

  • Autoevaluación: el propósito de dicha evaluación es que el alumnado tome conciencia de su propio proceso de aprendizaje, así como se responsabilice de él, ya que al autoevaluarse tiene que ser crítico consigo mismo, con su actitud, esfuerzo, sus logros, sus posibles fracasos , es una forma además de autoconocimiento de sí mismo y de sus capacidades. 
  • Coevaluación o evaluación entre iguales: al trabar de forma cooperativa y grupal los compañeros tienen una visión de nosotros distinta, de nuestro trabajo y se puede aprender mucho escuchando la evaluación que pueden aportar sobre nuestro trabajo. 
  • Heteroevaluación: esta evaluación es muy interesante ya que hace referencia a aquellos procesos de evaluación realizados por personas distintas al estudiante o sus iguales, es decir, pueden entrar a evaluar las familias, otro profesorado y otros agentes externos. 

Vamos a detenernos en este tipo de evaluación un momento, ya que esta evaluación requiere de un modelo de educación alternativo, donde diferentes agentes pertenecientes a la comunidad educativa puedan entrar en el aula y formar parte de la vida del centro. Como afirma Bochaca, J. G. (2015), actualmente, las relaciones entre la escuela y la familia son vistas como un factor de gran importancia en la educación del alumnado. Sintetizando, de entre los argumentos a favor de la implicación de las familias, destacaríamos:
La participación de los progenitores tiene efectos positivos sobre los resultados escolares y sobre el comportamiento de los menores (Epstein 1995 y 2001; Deslandes 2004) aumentando la probabilidad de que el alumno pueda progresar en sus aprendizajes y sus actitudes (Epstein 2004) y en su desarrollo social (Pourtois y Desmet 1997).

La participación de las familias tiene beneficios para ellas, ya que aprenden a afirmarse y a desarrollar competencias específicas relacionadas con la escuela y la escolarización de los hijos, contribuyen en la escuela y el aula, etc. (Olmsted 1991).

Laparticipacióndelasfamiliastienebeneficiosparaelprofesoradoconactitudpositivarespectoala participación parental, ya que comporta mayor conocimiento de las familias y de sus expectativas y actitudes e incrementa la sensación de eficacia y satisfacción personal (OzeryBandura1990), así como la moral de los docentes (Walker y Hoover-Dempse y 2008). 

La participación de las familias comporta beneficios para el funcionamiento de la escuela, ya que, al ser expresión de democratización, enriquece los objetivos y mejora su funcionamiento (Charlot 1994; Darling-Hammond 1997 y 2000; Furman 2004).

En definitiva, la evaluación es una etapa vital del proceso de enseñanza-aprendizaje y va a influir de forma determinante sobre qué aprende el alumnado y cómo. Por ello, se debe promover  la utilización en los centros educativos de distintos modelos evaluativos y en distintos momentos para conseguir que el alumnado desarrolle un aprendizaje integral y significativo. 

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