EDUCAR PARA LA RESILIENCIA: EL GRAN RETO DE LA LABOR DOCENTE

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Publicado el 05/06/2017 12:06

Se puede definir la resiliencia como la capacidad que tenemos las personas para superar las adversidades y adaptarnos positivamente a las mismas. Se puede decir que la persona resiliente es aquella que sale fortalecida de las adversidades, que lejos de hundirse, crece y madura a partir de la superación de las mismas.

Las investigaciones han demostrado lo efectiva que es la resiliencia para promover la calidad de vida. Las personas con resiliencia son más capaces de enfrentar positivamente situaciones estresantes y adversidades. También se ha comprobado que la resiliencia reduce la intensidad del estrés y produce el decrecimiento de signos emocionales negativos, como la ansiedad, la depresión, o la rabia. Al mismo tiempo aumenta la curiosidad y la salud emocional, por lo que la resiliencia se puede considerar efectiva, no sólo para enfrentar adversidades, sino también para promocionar la salud mental y emocional (Grotberg, 2003).

 

La Resiliencia en los centros educativos:

Entendiendo el significado y la importancia de la resiliencia, los profesionales del ámbito educativo podemos confirmar que es necesario que nuestro alumnado desarrolle esta cualidad. No podemos olvidar que la resiliencia es la competencia que les va a fortalecer emocionalmente, tanto para su recorrido académico como para su vida en general.

A pesar de esto, en la realidad nos encontramos con que el término de resiliencia, hoy en día, aún no se considera en los centros educativos. Los curriculums y los planes educativos todavía no contemplan la promoción de la resiliencia. Es por eso que hoy en la actualidad la labor de incorporar la resiliencia corresponde a los propios docentes.

También nos encontramos con la realidad de que todavía no se dispone de mucha formación al respecto y los materiales educativos sobre la resiliencia tampoco abundan. La buena noticia es que es relativamente sencillo educar para la resiliencia si sabemos cómo hacerlo. Por eso el presente artículo persigue alcanzar este objetivo: Facilitar y dar a conocer las directrices básicas para educar en resiliencia dirigidas a los docentes. De esta manera, podremos hacer frente al gran reto de educar para que nuestro alumnado sea resiliente.

A lo largo del artículo vamos a ver los aspectos claves para educar en resiliencia dirigidos a docentes de todos los niveles educativos.

En el primer apartado se exponen las cualidades personales que hay que potenciar para desarrollar la resiliencia. Y en el segundo y último apartado se dan a conocer las pautas pedagógicas que facilitan y promueven la resiliencia de las personas. Estas pautas complementan las indicaciones pedagógicas del primer apartado para así poder realizar un abordaje psicoeducativo completo en este ámbito

 

  1. Los pilares de la resiliencia: ¿Qué cualidades hay que potenciar para promover la resiliencia?

La resiliencia es una capacidad que integra otras capacidades o cualidades, es por eso que podemos llamarla una “supercapacidad”. Para ser una persona resiliente se necesita desarrollar una serie de factores, que son los “Pilares de la Resiliencia” (Melillo, 2001). Para promover estrategias resilientes, es de gran utilidad conocer los denominados pilares de la resiliencia. Estas cualidades protegen y promueven la resiliencia de las personas. Por lo tanto, potenciando cada una de esas capacidades estamos promoviendo y potenciando la Resiliencia.

Estas cualidades son las siguientes:

  • Autoestima. Es el conocimiento de nuestros puntos fuertes y débiles, logrando la aceptación y valoración de los mismos. Confiar en uno mismo para resolver problemas y tomar las decisiones adecuadas en cada momento.
  • Capacidad de introspección: es la capacidad de “mirar hacia dentro”, de “preguntarnos a nosotros mismos” e intentar dar respuestas honestas, sin victimismos, sin ver las situaciones peores de lo que en realidad son.
  • Independencia: definida como “saber fijar límites entre uno mismo y el medio con problemas” es la capacidad de mantener una distancia emocional y física de la situación conflictiva sin caer en el aislamiento.
  • Sociabilidad: En este sentido consideramos la socialbilidad como la capacidad de relacionarse y la Habilidad para establecer lazos e intimidad con otras personas.
  • Autosuperación. Esta capacidad hace referencia a la iniciativa de la que dispone la persona para querer mejorar y superarse en los momentos duros. El marcarse retos, el ir creciendo en la vida queriendo mejorar siempre a pesar de las adversidades y del medio hostil en el que se encuentren.
  • Humor: es la capacidad para poder reírse de los propios problemas y las situaciones adversas de la vida. Este apartado también engloba el pensamiento positivo. Esta capacidad permite el poder relativizar y desdramatizar. Además, las emociones positivas neutralizan las emociones negativas, lo cual es muy favorecedor para superar situaciones desagradables.
  • Creatividad: Hace referencia a la capacidad de crear soluciones y salidas creativas a la situación problemática. También a la capacidad de encontrarle un sentido a la realidad en la que estamos inmersos.
  • Moralidad/ Mantener los Valores: cuando somos capaces de mantener vivos nuestros valores, sin ir en nuestra propia contra, aunque los demás lo hagan, tendremos la seguridad de salir mentalmente sanos de muchas adversidades. Entendida ésta como la consecuencia para extender el deseo personal de bienestar a todos los semejantes y la capacidad de comprometerse con valores
  • Pensamiento Crítico: cuando tenemos esta cualidad, somos capaces de analizar las situaciones, desde fuera, para tomar las decisiones adecuadas, responsabilizarnos del resultado de nuestras acciones y emprenderlas cuando sea necesario. Es un pilar de segundo grado, fruto de las combinación de todos los otros y que permite analizar críticamente las causas y responsabilidades de la adversidad que se sufre, buscando modos de afrontamiento y cambio

 

  1. Pautas pedagógicas para promover la resiliencia:

Además de potenciar los 9 pilares, nuestra práctica pedagógica se debe complementar con las siguientes orientaciones:

- Enseñar a resolver conflictos. Para ello hay que ver el conflicto como una oportunidad, no como un problema. A partir de los conflictos y crisis se puede cambiar y mejorar, son oportunidades de crecimiento. Afortunadamente, la resolución de conflictos cada vez es más considerada en los centros educativos. De hecho, cada vez son más las instituciones educativas que crean comisiones de convivencia y alumnado mediador. Estos Centros serán espacios educativos más resilientes y estarán mejor preparados para afrontar las adversidades que puedan surgir a lo largo del curso escolar en la comunidad educativa.

- Crear redes de apoyo. Es muy recomendable establecer redes de apoyo entre los compañeros. Se trata de crear vínculos y alianzas entre el alumnado, promover amistades que puedan perdurar en el tiempo y que en la adversidad se puedan convertir en un recurso de apoyo y de seguridad. Es fundamental transmitir a nuestro alumnado que nunca estarán solos ante una adversidad.

- Promover hábitos saludables (ejercicio físico, dormir las horas necesarias, y una alimentación saludable). Este aspecto es algo básico e indispensable para poder construir una personalidad resiliente. Una rutina saludable facilita el poder afrontar la vida y cualquier adversidad con mayor fortaleza.

-Educación emocional: Enseñar a conocer, identificar y gestionar las emociones es otro aspecto fundamental en el desarrollo de la resiliencia. Enseñarles a que sean ellos los que tomen las decisiones y no sus estados emocionales. Enseñarles a pensar, a sentir y a gestionar su propia vida.

Estas son algunas de las pautas que llevándolas a cabo, ayudarán a potenciar la resiliencia del alumnado. El reto es ambicioso aunque con toda seguridad muchas de las actuaciones propuestas ya las hemos realizado con el alumnado. Se trata de ir un paso más allá en el desarrollo de las competencias personales y emocionales del alumnado, logrando potenciar su resiliencia.

Así pues, el alumnado resiliente tendrá los recursos para afrontar los conflictos y adversidades propios de la vida (tanto académica como personal) y salir fortalecido de los mismos. Así pues, la promoción de esta capacidad hará que se garantice y se potencie el desarrollo integral de nuestro alumnado.

 

Referencias bibliográficas:

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