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La escuela y la educación en emociones

MARÍA JOSÉ QUESADA CASTELLANO

Publicado el 24/03/2019 17:03

Resumen

En cualquier ámbito de nuestra existencia es necesario establecer una reflexión profunda sobre el significado que tienen las emociones y cómo se gestionan. La escuela tradicional siempre se ha considerado como un espacio donde el aprendizaje se realiza en torno a la adquisición de una serie de saberes: lenguas clásicas, matemáticas, geometría, etc. En cambio, en pleno siglo XXI, se produce una evolución en la conceptualización de las funciones propias de la institución educativa. Nos encontramos ante un periodo de cambio donde la sociología, psicología, pedagogía, etc., proponen nuevos modelos de entendimiento y formulan nuevas teorías que persiguen el desarrollo pleno del alumnado incluyendo en sus programas lo que hoy denominamos educación emocionalación emocional.

 

Introducción

 

El sistema educativo tiene el reto de educar al alumnado en aquellos ámbitos que den respuesta a las situaciones que tendrán que afrontar en su día a día. Desde hace varias décadas, el concepto de inteligencia emocional se investiga y se propone como el método para aprender a regular las emociones tanto propias como las ajenas y, este hecho, comienza a formar parte de algunos planes y programas de estudios en diferentes escuelas desde la educación infantil, primaria y secundaria.

El mundo emocional es muy complejo. Por ello, es necesario poner el énfasis en la tarea de educar en emociones. En consecuencia, la formación del profesorado es fundamental para la consecución de este objetivo. La falta de publicaciones de resultados sobre la aplicación de estos programas dificulta conocer su eficacia, pero desde ámbitos como la sociología, la psicología o la pedagogía se defiende que el aprendizaje sobre las emociones mejorará notablemente; la autoestima, la empatía, la asertividad, el manejo de las frustraciones así como disminuirán los conflictos.

 

Las emociones y la Institución Educativa: evolución y retos del siglo XXI

 

Según establece Delors (1996), en el Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI, la educación emocional es un complemento indispensable en el desarrollo cognitivo de cualquier persona. Por tanto, la educación emocional, según este informe, gira alrededor de cuatro ejes centrales:

 

  1. 1- Aprender a conocer.
  2. 2- Aprender a ser.
  3. 3- Aprender a hacer.
  4. 4-Aprender a convivir.

 

Por ende, la escuela es la institución responsable de dar un tratamiento a la educación en emociones a través de sus diferentes programas educativos donde capacite al sujeto para afrontar diferentes situaciones desde la responsabilidad y la coherencia consiguiendo así trabajar en equipo mejorando la gestión de las emociones.

 

Evolución en el tratamiento de las emociones

 

Según el artículo realizado por Bericat (2000) las teorías sociológicas de la emoción, no pueden encontrarse en la tradición sociológica antes de la década de los ochenta. Hasta ese momento la sociología solamente le había dado un trato residual a la emoción por el predominio del racionalismo.  En este sentido, cabe destacar a los tres pioneros de la llamada sociología de las emociones; Thomas J Scheff, Arlie R, Hochschild y Theodore D. Kemper.

 

Thomas J. Scheff, profesor emérito del Departamento de Sociología de la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB), desarrolla un amplio programa de investigación empírica y teórica sobre la vergüenza y el orgullo dándoles la consideración de las emociones sociales por antonomasia. Por su parte, Arlie R. Hochschild, socióloga americana y profesora emérita de sociología en la Universidad de California, incorpora las emociones como la vía de acceso clave para el conocimiento de cualquier fenómeno o situación social. Y por último, pero no menos importante, Theodore D. Kemper, sociólogo estadounidense y profesor emérito de la Universidad de St. John en Nueva York y pionero de la sociología emocional, muestra la necesidad de establecer la perspectiva sociológica en la comprensión de la emociones ya que su origen deriva de un tipo de relación social.

 

De acuerdo con esto y dada la importancia que desde la sociología se da a las emociones, como elemento de estudio de cualquier fenómeno social, vamos a realizar un recorrido histórico en el tratamiento que se le ha dado a la educación en emociones en las diferentes normativas que se han elaborado en nuestro país en materia de educación, siguiendo el estudio realizado por Ruiz Rodríguez J.A y Corchuelo Fernández C. (2015).

 

De este artículo se extraen las siguientes conclusiones: a medida que la ley se acerca a la actualidad, la educación emocional aparece ligada al sistema educativo: en las primeras leyes se daba una pincelada pero muy vagamente; en los años 90 comienza a surgir un interés por favorecer el estudio de las emociones como elemento innovador; en la Ley Orgánica de Educación (Ley 2/2006 de 3 de mayo publicada en el BOE 106 del 4 de mayo) ya aparece reflejada la parte emocional en el marco normativo como principio “todos los ciudadanos alcance el máximo desarrollo posible de todas sus capacidades, individuales y sociales, intelectuales, culturales y emocionales para recibir una educación de calidad”; en la actual Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Ley 8/2013 de 9 de diciembre, publicado en el BOE 295 del 10 de diciembre) en el artículo 71 habla sobre que las administraciones educativas deben de disponer de los medios necesarios para que todo el alumnado alcance el máximo desarrollo personal, intelectual, social y emocional incluyendo términos como afectividad o la creatividad aunque la LOMCE pretende que esta educación perdure se focaliza en otros aspectos que considera más importantes y no aporta ningún punto a favor sobre esta vertiente de educación.

Por otro lado, otras áreas de conocimiento como la psicología, han puesto en alza la importancia del aprendizaje emocional, como es el caso de René Diekstra, en el programa 157 de Redes para la Ciencia, donde expone esta idea del aprendizaje social y emocional a través de la educación defendiendo la teoría de que el alumnado que conoce y aprende a gestionar sus emociones estará más preparado para el mundo laboral así como mejorará su rendimiento académico. Es ahí donde cobra un papel esencial el diseño de programas educativos que desarrollen y mejoren las habilidades para la vida, es decir, una serie de destrezas en el ámbito social, emocional y ético, que complementen y optimicen las habilidades cognitivas e intelectuales.

 

Reto del siglo XXI; educar en emociones.

Desde la investigación realizada por Jiménez Andújar E.M. (2016) refleja que el alumnado ha sido y es el molde de la sociedad que esperamos en el futuro. Desde la escuela transmitimos instrucciones sobre la emociones, en muchos casos, dándoles razonamientos erróneos y mostrándoles cómo deben de comportarse. En este contexto, empieza a desarrollarse lo que denominamos la construcción social de las emociones. Por este motivo, los docentes, tienen la necesidad de saber cómo deben de trabajar para contribuir a construir las emociones de su alumnado asegurándoles un crecimiento óptimo.

Los programas, dirigidos a cumplir con este objetivo, deben de girar en torno a la idea de que la educación en emociones no tiene como objetivo crear líderes futuros o dirigentes de multinacionales. Con la educación en emociones en el aula se pretende acompañar a los estudiantes a que conozcan sus emociones y las de los demás, que las identifiquen y sepan actuar en consecuencia con el fin de evitar conflictos como pueden ser el acoso, el racismo, la homofobia, el fracaso escolar, la desmotivación en cualquier ámbito de la vida, la violencia, etc.

En España se le concede un papel relevante a la formación en competencias socio-emocionales del alumnado, poniendo el foco en la necesidad de diseñar, aplicar y evaluar programas de intervención sobre las habilidades y competencias de la inteligencia emocional. Cada vez son más numerosas las propuestas de programas de educación emocional en educación infantil, primaria y secundaria, sin embargo, existe un déficit en la validación de esos programas ya que es muy complicado encontrar estudios publicados donde se evalúe su eficacia. Tal y como recoge la sociología de las emociones en el aula, el objetivo principal se centra en la necesidad de formar a los docentes.

Pero, ¿qué deben de contener estos programas diseñados para educar en emociones?

Siguiendo a Goleman (1995), es necesario establecer previamente cinco direcciones en la inteligencia emocional:

  • Conocer las propias emociones.
  • Manejar las emociones.
  • Motivarse a sí mismo.
  • Reconocer las emociones de los demás
  • Establecer relaciones.

Además de tener presente estas cinco direcciones que propone Goleman (1995), los programas dirigidos a los docentes deben de contener una revisión de síntesis de las principales teorías sobre las emociones: teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gadner (1998) y la teoría de la inteligencia emocional de Daniel Goleman (1995) del mismo modo que deben de incluir conocimientos esenciales sobre el cerebro emocional. Sin olvidarnos de que la evaluación de estos programas debería de convertirse en un aspecto intrínseco que nos permita conocer y verificar el nivel de efectividad que tienen estos programas ya que, tal y como comentaba anteriormente, la falta de evaluación y publicación de resultados es patente.

Para el desarrollo e implementación de estos programas también se está reclamando la necesidad de incluir una asignatura en la formación inicial del profesorado que permita completar sus competencias en relación a la educación emocional para que, posteriormente, puedan ser trasladadas al aula. De esta forma, los futuros docentes habrían adquirido;

  1. competencias sobre la relevancia de las emociones en la educación.
  2. una toma de conciencia de las propias emociones y las ajenas.
  3. un autocontrol emocional en las situaciones conflictivas.
  4. una mejora en las relaciones interpersonales.
  5. un aprendizaje previo para enfrentarse al alumnado de forma más eficiente
  6. la capacidad de análisis del contexto para identificar las necesidades emocionales que deberán de ser atendidas por el programa de educación emocional que lleven a la práctica
  7. sobre cómo formular objetivos e indicadores que les permitan diseñar estrategias concretas aplicadas el programa
  8. sobre evaluación del programa tomando como referencia los indicadores establecidos anteriormente.

Por otro lado, a la hora de trabajar la educación emocional dentro del aula, se propone establecerla como una competencia trasversal o genérica estando presente en todas las materias y a lo largo de todos los cursos. La educación emocional se situaría a nivel de la educación para la salud, educación sexual, educación moral, educación para la paz, educación ambiental, educación para la igualdad de género, etc. Darle a la educación emocional ese tratamiento de transversalidad no puede generar una desatención y, por ello, es preciso darle algún espacio concreto, como por ejemplo, el plan de acción tutorial.

Con el trascurso de los años y a través de las diferentes investigaciones llevadas a cabo, el papel de la educación en emociones en el aula está cobrando cierta relevancía en los procesos de enseñanza-aprendizaje. No obstante, el camino que queda hasta conseguir su plena inclusión es largo y precisa del trabajo conjunto y organizado de los diferentes agentes que intervienen en dicho proceso.

 

Bibliografía

Aguilera, M. (2009). Educar las emociones. Crítica, 59(964), 3.

 

Bericat Alastuey, E. (2000). La sociología de la emoción y la emoción en la sociología. Papers: revista de sociología, (62), 145-176.

 

Bisquerra alzina, Rafael, (2005) La educación emocional en la formación del profesorado. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado.Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=27411927006> ISSN 0213-8646 [consultado 19 de noviembre 2018]

 

Delors, J. (1998). Informe a la Unesco de la comisión internacional sobre la educación para el siglo XXI: La educación encierra un tesoro. Madrid.

 

Domínguez, P. Á. (2014). Educar en emociones y transmitir valores éticos: un desafío para los Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación. Educació i Història: revista d'història de l'educació, 93-116.

 

FES. (2018). Retrieved from http://www.fes-sociologia.com/la-sociologia-de-las-emociones-en-el-aula-hacia-una-formacion-emoci/congress-papers/3436/ [Consultado 9 de diciembre 2018]

 

Gardner, H. (1998). Inteligencias múltiples. Barcelona: Paidós.

 

Goleman, D. (2012). Inteligencia emocional. Editorial Kairós.

 

Campillo Ranea J. E. La importancia de la educación emocional en las aulas. http://www.juntadeandalucia.es/educacion/webportal/abaco-portlet/content/ab2f1d46-cd27-47f8-b849-e928a701df05 [consultado 09 de marzo 2019]

 

Redes para la Ciencia 157. (2013) El aprendizaje social y emocional, las habilidades para la vida. http://www.redesparalaciencia.com/8817/redes/redes-157-el-aprendizaje-social-y-emocional-las-habilidades-para-la-vida [Consultado 11 marzo 2019]

 

Ruiz Rodríguez, J. A., & Corchuelo Fernández, C. (2015). Una aproximación a la Educación Emocional desde el marco legislativo. In I Congreso Internacional de Expresión y Comunicación Emocional (CIECE)(2015), p 192-199 (pp. 192-199).

 

Imágenes

 

Banco de imágenes libres PIXABAY (2019). https://pixabay.com/es/  (Consultado 24 de marzo 2019)

 

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