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Los espacios de aprendizaje como parte de la práctica educativa

Aitor Yañez Perea

Publicado el 23/03/2021 09:03

1. Introducción

La escuela siempre ha sido un claro reflejo de la sociedad en la que vivimos. Muchas veces se habla de la escuela tradicional, aquella que instruye al estudiante en valores como la disciplina y la obediencia, aquella en la que el profesor adopta el papel protagonista y transmite la información a estudiar como un sabelotodo, aquella que ignora toda necesidad individual del alumnado. La escuela tradicional, tal y como la conocemos hoy en día, tiene su origen en la Revolución Industrial, ya que las clases dominantes de la época requerían trabajadores más cualificados que pudieran dominar las nuevas tecnologías introducidas en la producción. Es decir, la escuela era una fábrica de trabajadores, por lo que la importancia no era el proceso de aprendizaje, sino el resultado final. 

            Por suerte, con el tiempo estas ideas comenzaron a ponerse en duda y nacieron movimientos pedagógicos contra hegemónicos como los de la Escuela Nueva, con precursoras como María Montessori; la pedagogía crítica de Freire, la Escuela Moderna y Ferrer i Guardia o incluso corrientes que desestimaban totalmente la necesidad de la escuela como Iván Illich y su propuesta de teoría desescolarizada. Gracias a estos movimientos, dichas pedagogías han sido capaces de hacer frente a la escuela tradicional y, aunque esta sigue teniendo un inmenso poder, muchísimos centros ya trabajan desde un punto de vista que coloca al niño en el eje de la educación. Es decir, estos movimientos han introducido términos en el sistema educativo como la inclusión, el aprendizaje cooperativo, la diversidad… Y, al contrario que la fábrica de trabajadores, estas corrientes se fundamentan en otras bases como la necesidad de que sea el niño el que lleva a cabo el proceso de aprendizaje, la importancia del proceso y no del resultado o la necesidad de un guía por encima de un profesor tradicional.       

Sin embargo, dichas escuelas donde se ha avanzado en la visión pedagógica, poco se ha avanzado en la visión espacial, ya que, aunque las corrientes mencionadas anteriormente han marcado un antes y un después, la mayoría de las escuelas continúan llevando a cabo su práctica educativa en los mismos espacios que hace cincuenta años. Esto conlleva que el niño continúa trabajando en un lugar que no ha sido diseñado para él, un ambiente desmotivador y diseñado por y para el adulto: una clase separada por pupitres, en la que la mesa más grande la posee el profesor, donde se ve una clara relación de poder; mesas cuadradas e incomodas para trabajar en grupo, sillas cojas y duras que impiden la concentración continua, una pizarra a una altura no adaptada al niño… Y todo ello no acaba en la puerta del aula, sino que ese tipo de organización espacial se da en todo el recinto escolar. Ejemplo de ello son los patios escolares, donde aún se ve una gran jerarquía en lo que respecta a las actividades que se fomentan en los niños, ya que la mayor parte del patio la ocupa el campo de futbol. Todo ello lleva a una gran reflexión sobre los espacios escolares de aprendizaje, entendiendo que en la medida en la que son espacios de la escuela se denominan escolares y que, teniendo en cuenta que los estudiantes llevan a cabo en dichos espacios gran parte de su socialización y educación, también han de denominarse como espacios de aprendizaje.

 

2. Los espacios físicos de aprendizaje       

Según Bosch (2018) la cultura de la institución educativa se basa en una relación entre el sistema pedagógico, la organización y el espacio físico. Como se ha mencionado anteriormente, el sistema pedagógico que fundamenta los principios de las escuelas que han decidido reinventarse ha evolucionado de una manera asombrosa y esto ha acarreado cambios en la organización. Sin embargo, son muy pocas las que se han percatado de la importancia del diseño del espacio físico, ya que como menciona Jiménez (2009) “la arquitectura escolar predominante responde a los principios pedagógicos de la escuela tradicional” (p. 106). Es decir, a pesar de los numerosos e indispensables cambios que ha habido a lo largo de estos años, la cultura de la escuela tradicional sigue arraigada en lo más profundo de la escuela. Y es que cuando hablamos de escuelas en las que los espacios transmiten relaciones de poder definidas y otro tipo de mensajes ortodoxos, es necesaria la reflexión y la investigación educativa innovadora. Las escuelas de hoy en día han sido diseñadas por y para el bienestar adulto y por mucho que hayan avanzado algunas de las pedagogías alternativas mencionadas, ¿qué tipo de educación, que pone al niño en el centro de su aprendizaje, no cuenta con el alumnado a la hora de diseñar su propio espacio de trabajo?

Afortunadamente, varias son las experiencias en las que se ha decidido reinventar el espacio físico, teniendo en cuenta las necesidades del alumnado. Ejemplo de ello pueden ser las escuelas Vittra, donde los paisajes de aprendizaje han sido diseñados de acuerdo a la aprobación, la etapa del desarrollo y la motivación del niño, creando escuelas de apariencia motivadora, con mobiliario y ambientes de carácter pedagógico, que se fusionan con un gran uso de las TIC y otros métodos de práctica innovadora.

 

3. La necesidad de la investigación educativa en los espacios de aprendizaje

Tal y como Gislason (2010) afirma, entender la práctica educativa y el entorno de aprendizaje o la didáctica y la arquitectura de manera separada es un problema implícito. El alumnado desarrolla su proceso de aprendizaje con unos métodos y unos materiales determinados en un espacio preconcebido. Ese espacio debe proporcionar las máximas garantías del proceso de aprendizaje en todos los sentidos que sea posible (motivacional, cognitivo, emocional…). Para ello, es indispensable que dichos espacios sean atractivos, tranquilos, que permitan la concentración y que habiliten un espacio de confort para el niño.

            Por otro lado, en varias ocasiones el profesorado le da gran importancia al tipo de materiales con el que decidirán impartir su materia. Ya que, estos deben cumplir unas garantías que afectarán de forma directa, en lo que respecta al curriculum oficial, e indirecta, en lo que respecta al curriculum oculto[1], en la educación del alumnado. Sin embargo, cabe destacar que no todas las imágenes o mensajes implícitos llegan a través del libro de texto, sino que también hay otros canales mediante los cuales el alumnado recibe parte de su educación implícita. Algunos de esos canales ser recogen con el término, acuñado por Acaso y Nuere (2005), Curriculum Oculto Visual, siendo este “el conjunto de contenidos que se transmiten de forma implícita en el contexto educativo a través del lenguaje visual” (p. 209). Parte de este Curriculum Oculto Visual es la arquitectura escolar, ya que esta determina totalmente la práctica educativa.

            Teniendo en cuenta las dos ideas mencionadas anteriormente, se puede concluir la necesidad inmediata en lo que respecta a los espacios de aprendizaje, siendo esta otra variable más con la que debería trabajar cualquier profesor a la hora de diseñar su intervención didáctica.

 

4. Conclusiones

La educación es un proceso indispensable y dinámico que está en constante evolución. Dicha evolución ha de ser medida, reflexionada y dirigida por los profesionales de dicho proceso para que, con el tiempo, evolucione a una práctica que pueda proporcionar una oferta integral al alumnado. Los últimos años han dejado en manifiesto la gran labor que se ha hecho en este ámbito, viéndose grandes evoluciones en el ámbito teórico-pedagógico.

Sin embargo, la educación ha de entenderse como un proceso de múltiples variables y no solo de las variables teóricas. La práctica educativa se lleva a cabo por unos profesionales de determinadas características, con un alumnado concreto en un espacio determinado. Por lo que, es indispensable adaptar dicho espacio a las necesidades individuales y colectivas de todos los participantes de la acción educativa.

La arquitectura, el diseño y la práctica docente han de fusionarse para proporcionar a los niños los mejores espacios de aprendizaje para fomentar tanto las variables cognitivas como las emocionales o motivacionales. Por ello, como docente es indispensable averiguar las necesidades y características del alumnado y trabajar junto a otros profesionales para proporcionar una educación integral.

De la misma manera, y tal como Gislason (2010) indica, la investigación en el ámbito de los espacios de aprendizaje necesita de profesionales interesados en el tema, ya que es un campo poco abordado y que deja un gran vacío en lo que respecta a la práctica educativa.

 

5. Bibliografia          

Acaso, M. eta Nuere, S. (2005). El curriculum oculto visual: aprender aa obedecer a través de la imagen. Arte, individuo y sociedad, 17, 207-220. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=513551273010.

Bosch, R. (2018). Diseñar un mundo mejor empieza en la escuela. Rosan Bosch Studio.

Díaz, B. (2017). La escuela tradicional y la escuela nueva: “Análisis desde la pedagogía crítica”[Tesis de Licenciatura, Universidad Pedagógica Nacional]. http://200.23.113.51/pdf/33326.pdf.

Gislason, N. (2010). Architectural design and the learning environment: A framework for school design research. Learning Environments Research, 13(2), 127-145. https://link.springer.com/content/pdf/10.1007/s10984-010-9071-x.pdf.

Jiménez, A.M. (2009). La escuela nueva y los espacios para educar. Revista Educación y Pedagogía, 21(54), 103-125. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3291474.pdf.

Rosan Bosch. (22 de marzo de 2020). Escuela Vittra Telefonplan. https://rosanbosch.com/es/proyecto/escuela-vittra-telefonplan.

Trilla, J. (2001). El legado pedagógico del siglo XX para la escuela del siglo XXI. Editorial Graó.

 

[1] Curriculum oculto: Conjunto de contenidos que se transmiten de forma implícita en el contexto educativo (Acaso y Nuere, 2005)

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