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Las neurociencias contemporáneas y la educación

Viviana María Fernández Díaz

Publicado el 03/08/2018 03:08

¿Desde su perspectiva, cuáles considera que son los principales aspectos a tener en cuenta en el diálogo planteado entre las neurociencias contemporáneas y la educación?

En los últimos veinticinco años, la neurociencia ha avanzado en el conocimiento del cerebro humano, y muchas investigaciones se han vuelto relevantes para los programas sociales y de educación inicial. En este sentido aparece un nuevo campo, donde el diálogo entre ciencias busca posibilitar la interacción, mente-cerebro-educación, para de esta manera promover el fortalecimiento de la práctica pedagógica del agente educativo o maestro, y así mismo mejorar la calidad educativa. 

Vivir esto en la cotidianidad de la educación inicial no es nada fácil, pues durante años los maestros se han dejado permear de un sinfín de recursos, ideas, herramientas, concepciones y mitos que están lejos de tener evidencia científica pero que han surgido como un salvavidas en los contextos educativos tradicionales para dar respuesta a los retos que los niños y las niñas proponen a diario. 

Lograr el verdadero dialogo entre las neurociencias contemporáneas y su verdadera aplicación en la práctica educativa requiere de la sinergia de algunas apuestas y estrategias, que podrían partir de la transformación actitudinal que da el conocer y comprender el impacto de este tema a fondo. 

¿Realmente en mi experiencia educativa he logrado vivir y visibilizar los aportes de la neurociencias?, al plantear este interrogante se pretende que cada lector inicie su propia reflexión, teniendo en cuenta los siguientes elementos: la concepción holística del desarrollo infantil y el aprendizaje, la decisión política, la formación para la apropiación del conocimiento y la transformación de los contextos.

Es importante que se comprenda la primera infancia como un momento complejo del proceso de desarrollo y maduración del sistema nervioso central y del cerebro en conjunción con las influencias del medio ambiente, orientando el estudio de los procesos evolutivos inherentes al desarrollo humano, base de la concepción holística del desarrollo infantil. Considerar que las neurociencias y la educación se restringen a los agentes educativos docentes, es negarse la oportunidad de impactar desde las experiencias, el entorno familiar y social, las condiciones de vida, salud,  educación y permitir así el desarrollo adecuado desde la primera infancia.

Para transformar las prácticas pedagógicas, trascender el modelo de la educación tradicional y abordar el proceso de educación inicial desde una mirada innovadora que propicie el desarrollo integral a partir del fortalecimiento de las potencialidades y capacidades individuales de los niños y las niñas, se requiere contar con el apoyo de la administración municipal o directivas tomadoras de decisiones, que son quienes lideran y promueven el mejoramiento continuo de la calidad educativa en su territorio, partiendo de los retos que esta etapa del curso de vida propone, contextualizadas a su entorno social, geográfico y económico. 

Los nuevos tiempos requieren estrategias innovadoras y los últimos descubrimientos que nos aporta la neurociencia, demuestran que los maestros que median los procesos educativos en la primera infancia, tienen la responsabilidad de potenciar el desarrollo integral, conociendo los momentos del desarrollo con el fin de crear y aplicar estrategias acordes, que ni sobre-exijan ni minimicen sus oportunidades y potenciales de aprendizaje. 

La formación debe complementar y fortalecer las acciones en pro de la calidad de la educación y cuya finalidad principal es promover que los agentes educativos se apropien de los aportes de la neurociencia, la educación y la psicología en sus prácticas pedagógicas, facilitándoles conocimientos de trascendental importancia en esos campos y promoviendo el desarrollo de competencias para la realización de investigaciones sobre aquellos procesos neuroeducativos que subyacen al aprendizaje, al lenguaje, la iniciativa cognitiva o las emociones.

Al fortalecer los conocimientos y comprensión de las bases neurobiológicas, los sistemas y los mecanismos involucrados en el aprendizaje y en la enseñanza de los agentes educativos, y motivar su investigación e innovación metodológica, ha mostrado una mejora implícita de los niveles de calidad de la educación a la primera infancia. Sin embargo estos conocimientos requieren ser apropiados para realmente transformar los contextos de los niños y las niñas y por ende su desarrollo y aprendizaje.

Un ambiente que realmente viva la neuroeducación debe promover áreas de investigación innovadoras que alimenten la atención y la motivación, que a través del juego muestren el mundo a los niños y las niñas, con el arte potencien el cerebro, y con la actividad física mejoren el aprendizaje. Lograr el dialogo supone además tener claro que somos seres sociales, y que la sensación, la percepción y el movimiento son fundamentales en estos primeros años de vida para conocer el mundo. 

Cuando realmente se apropian los conocimientos logramos el dialogo entre la neurociencia y la educación, se hace evidente la participación activa de los niños y las niñas a través de sus preguntas, diálogos, historias y vivencias. Cuando realmente la diversidad de los materiales apoya y contextualiza la exploración y la investigación a través de la experiencia y finalmente cuando los adultos están atentos a los cambios permanentes que experimentan los niños y las niñas, consientes que esto es lo que apoya, soporta y contribuye a la mejora de las prácticas pedagógicas, es cuando se logra un verdadero dialogo entre la neurociencia y la educación.  
 

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