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Innovación educativa y realidad social

Roberto Julve Gallego

Publicado el 19/10/2020 16:10

innovación educativa 

Son diversas las lecturas que este docente ha realizado sobre las diferentes técnicas que componen la creación y seguimiento de “Innovación” en el programa de un centro. Y también son diversas las ocasiones en las que ha intentado comenzar de 0 y resetear sobre cada una de las reflexiones.

 

 Sin embargo, nos encontramos en algunas ocasiones, no siempre, con grupos en los que la realidad social es muy variopinta, y desde luego llena de dificultades. Concretamente en un centro de Formación Profesional, es muy posible encontrar un conjunto de alumnos en una clase, que parten de una base muy subdefinida en los niveles estándar. Es en estos casos, cuando nos parece que toda práctica relacionada con los tipos de esfuerzo se encuentra muy limitada.

 

 Es muy posible, máxime en casos de centros concertados, que los esfuerzos tecnológicos se vean frenados por ausencia de presupuesto. También es habitual que el esfuerzo administrativo esté colmado de fronteras insalvables.

 Sin embargo, nos queda el esfuerzo metodológico donde siempre se puede intervenir. Piénsalo, cuando crees que no puedes innovar en tu método, cuando crees que lo que haces es el resultado de mucho trabajo y es ya inmejorable, es cuando deberías refrescarte o dejar la docencia para siempre. Cada alumno tiene unas necesidades; cada grupo de alumnos de una clase tiene una necesidad; una clase es una elevación a la máxima potencia de necesidades, y esto es directamente proporcional con los nuevos sistemas, nuevos trabajos, nuevas tareas.

 

  Hace un tiempo me pasó un caso que me hace suponer no sería el primero en este país. Tras la crisis que pasamos el pasado último semestre del curso 2019-20, en la que todos fuimos capaces de adaptarnos, de convertirnos en expertos en TIC, de crear nuevas metodologías. Este momento era el que nos situaba en un punto de inflexión, en el cual podíamos continuar creciendo en el uso de nuevas herramientas, o podíamos volver a “lo de antes”.

  Bien, en mi caso concreto, volvemos al centro, recuperamos la asistencia, la presencialidad, y con ello algunos profesores recuperan lo que a priori se presenta como la ley del mínimo esfuerzo. Es decir, volver a sus arcaicas formas de presentar los temas, a las fotocopias, a escribir libreta, a “bajar al taller” a hacer lo mismo de siempre. Sin embargo ahora queda más en evidencia que nunca que ha habido un frenazo en la trayectoria ascendente que debería tener la motivación del personal docente, porque la otra parte del profesorado, aquellos que sí queremos aprovecharnos de las facilidades que proporcionan las tecnologías, que pensamos que en el futuro no habrá nada parecido al presente, hemos comenzado a estudiar, si es que alguna vez dejamos de hacerlo, y a adquirir conocimientos.

  Y dichos conocimientos se deben de trasladar a nuestra conducta, como los alumnos demandan. Hagan la prueba, yo lo hice. Traten un tema de forma clásica, e innoven en el siguiente. Cambien incluso la forma de evaluar. Posteriormente pueden hacer un examen “tradicional” de ambos temas a los alumnos. Si se seleccionan bien los métodos, si se practica la “Gamificación”, si se disponen de vídeos, si los alumnos practican la imaginación orientada a una materia en concreto. Si además, les regalamos nuestro buen humor, somos estrictos pero amables, y les tratamos de tú a tú, marcando diferencias pero hablándoles de persona a persona, estamos garantizando que cada hora lectiva les ha impactado.

 Quizá la dificultad reside en que con el paso de los años, curso tras curso, nos podemos encontrar con dificultades debidas a las peculiaridades que presenten unos grupos respecto a otros. Es en esos momentos donde debe comprobarse la “raza” docente que cada uno de nosotros tenemos. No creo que sea válida la expresión “tirar la toalla” en este caso, porque poner la innovación como bandera no ha de ser un esfuerzo extra para conseguir un objetivo. Ha de ser nuestra actitud frente a la docencia.

  Si fijamos la atención en nuestra propia experiencia educativa, cuando en lugar de mirar a las veinte caras de un aula, mirabas a la del profesor, recordaremos que poco a poco algunos de ellos hacían algo “diferente” que hace que hoy recordemos una clase en concreto de forma muy reciente. Ese profesor o profesora estaba haciéndolo ya entonces, pese a que dicho concepto no entraba dentro de las conferencias sobre la docencia. No era el objetivo de los centros como tal. Sin embargo, de forma intrínseca, existía, y siempre ha existido.

  Por tanto, no debemos quedarnos en una posición acomodada, sino adaptar nuestra actitud al emprendimiento, a la creatividad. Ello mantendrá la motivación en los alumnos, pero lo que es más importante, nos mantendrá vivos a nosotros, al equipo docente.

 

  Quizá la “clase” de este año no esté tan receptiva a los cambios que aplicaste el pasado curso. Bien, pues si quieres adaptar la innovación a la realidad social, no te quedes con esos cambios, haz nuevas propuestas.

  INNOVA, está en tu mano, no te engañes.

 

  Fdo: un profesor que suma ganas con cada curso.

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