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Sacar plaza a la primera

Mar Giménez Santamaría

Publicado el 23/08/2019 18:08

¿Es eso posible?

La respuesta es sí. Este es un mensaje de ánimo que me gustaría transmitir a los opositores. Con esto pretendo deciros que si yo lo he conseguido, vosotros también podéis.

Yo todavía no me lo creo. Estoy pasando mi primer verano con un nuevo estatus: ¡funcionaria en prácticas! Cada mañana cuando me levanto me hago la misma pregunta: “Pero... ¿esto ha ocurrido, o lo he soñado?

Soy Licenciada en Traducción e Interpretación por la Universitat Jaume I. Normalmente siempre había tenido claro lo que quería y creía que ese era también el caso respecto a mi profesión... Pero resultó ser que no. Siempre me han apasionado las lenguas extranjeras y quería trabajar como puente entre ellas y mis dos lenguas maternas: mi sueño era dedicarme a la traducción audiovisual y a la interpretación. No obstante, en 2011 el sector audiovisual estaba parado.

Con una beca del MEC hice una estancia como Auxiliar de Conversación en un centro educativo de Krefeld, Alemania. Allí comencé a interesarme por la enseñanza. Soy hija de maestros de primaria y siempre había dicho que yo no estaba hecha de la misma pasta... Cuando volví a Valencia recibí numerosos encargos como intérprete, por ejemplo entre la exconsellera MªJosé Català y una delegación de Sachsen Anhalt, en un proceso de selección de educadores infantiles valencianos a través del convenio con Mainz, también como traductora de textos jurídicos, etc. Pero estos encargos no tienen lugar todos los días y necesitaba un sueldo base. Fue entonces cuando me abrí las puertas a la enseñanza en una academia de idiomas de mi pueblo donde impartí mis primeras clases de inglés, francés y alemán. El año siguiente cursé el Máster de Profesor de Secundaria solo por si acaso, para tenerlo en el bolsillo, no contaba con presentarme a oposiciones, aunque mis padres me insistían y yo les respondía que no, porque me daba miedo enfrentarme a un proceso tan duro y salir con las manos vacías. Muchas eran las historias que había oído de gente que se había presentado a varias convocatorias y nada... Yo tenía claro que mis padres eran especiales, o más bien espaciales, porque se la habían sacado a la primera y pensaba que yo no sería capaz. 

Y resulta que reconducir mi profesión hacia las aulas me demostró que prefería enseñar a traducir.  De modo que, con el CAP en el bolsillo y por miedo a entrar en un frustrante bucle de convocatorias, empecé a trabajar en otra academia en Valencia. No estaba nada contenta con las condiciones laborales de la academia porque despreciaba la formación de los que estábamos correctamente cualificados regalando las clases de idiomas a 5 euros la hora, por no hablar de lo que nos pisoteaban a los nativos de Valencia (con impecable pronunciación) por debajo de los nativos extranjeros que solamente estaban de paso por la academia. 

Finalmente, empecé a trabajar en la que ha sido mi última academia, donde me sentí mejor acogida. Además de las clases, me asignaban los esporádicos encargos de traducción e interpretación que recibía la empresa. Eso sí, el contrato, mal retribuido, era más que mejorable y yo me entregaba al 100%. Cuatro cursos trabajando para ellos me han hecho falta para ser consciente de que aquella academia que tanto me ilusionaba en 2015 se había vuelto una decepción para mí. 

En julio de 2018 quedé con una amiga para organizar juntas un viaje a París. Estábamos en la playa cuando me dijo que había decidido prepararse las oposiciones de francés y que ya se había comprado el opokit. Me hizo falta la decepción con la academia y ese empujón final. Sin pensármelo dos veces, le respondí que más me valía hacer lo mismo. Y dicho y hecho, esa misma tarde mis padres se alegraron muchísimo por mi decisión. Nos pusimos a buscar academias y preparadores de oposiciones a inglés Secundaria. 

Así pues, 2018-2019 ha sido mi último curso como profesora en la academia. Me reduje el número de horas de clases para dedicarme a estudiar las oposiciones. Por eso he dedicado cada sábado, domingo, trayecto de metro, autobús o a pie (con los auriculares) a repasar los temas. Además, hice amistad con unas cuantas compañeras en la academia donde nos preparábamos. 

Y por fin me salió bien la jugada. Ha sido un año muy duro y lleno de incertidumbre en el que me he armado de valor para ponerle muchas ganas a todo este proceso. 

Lo que os quiero decir con esto es que no llegáis tarde a la próxima convocatoria 2020 si os ponéis ya. Podéis lograrlo igual que yo si ponéis todo vuestro empeño y visualizáis el objetivo con una sonrisa.

¡ÁNIMO!

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