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Salud: La nueva conocida en lo desconocido

José Miguel Espinosa Torres

Publicado el 22/03/2020 18:03

Entender es un acto muy creativo.

(Coșeriu)

 

INTRODUCCIÓN

Es difícil no recordar las primeras palabras de la canción Tres cosas (salud, dinero, amor) del grupo Cristina y Los Stop de 1967: “tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. Y el que tenga las tres cosas, que le dé gracias a Dios”. Es más, en estos momentos tan difíciles para la sociedad global, debido al gran impacto que está produciendo el COVID-19, comúnmente llamado coronavirus, debemos tomar conciencia de la importancia que tiene la educación en los ámbitos sanitarios porque, como bien nos vienen diciendo la OMS (2019) y los profesionales sanitarios, una ciudadanía educada en pedagogía sanitaria puede salvar vidas. Por ello, este artículo se centra en diferentes investigaciones relacionadas con la Educación para la Salud (a partir de ahora EpS) conectándolas con la formación docente.

SALUD Y EDUCACIÓN

La salud es uno de los pilares fundamentales del ser humano y siempre, a lo largo de nuestra historia, ha ocupado un espacio en nuestra forma de vida y en nuestro entorno social y cultural; tal y como explica González (2006: 13):

La concepción de la Salud ha ido variando a lo largo de la historia en función de los cambios sociales, políticos, económicos que las sociedades han ido experimentando así como del avance de los conocimientos sobre el proceso de salud-enfermedad.

En otras palabras, el concepto de EpS se ha ido forjando, a través de los siglos, por medio de la construcción social y de las experiencias históricas sanitarias. Sin embargo, dicho concepto todavía sigue en evolución ya que está intrínsecamente vinculado a la evolución de la Humanidad, es decir, está en contacto con los logros y fracasos que, como sociedad, vamos construyendo para nuestro estado de bienestar. Por tanto, si la salud es (y ha sido) un medio para alcanzar una buena calidad de vida, es imprescindible que todo docente enseñe a manejarla y explique la importancia que esta tiene en nuestras vidas.

Por otro lado, delimitar el concepto Salud en una definición general es igual de complicado que establecer un modelo metodológico único de EpS que ayude a mejorar su explicación y enseñanza en el aula. Así pues, Sánchez (1995, 69: 95-139) agrupa los principales enfoques en tres modelos:

  1. Modelo divulgativo: el experto es quien explica a la ciudadanía aquello que se necesita saber.
  2. Modelo conductual: solventa los problemas relacionados con la salud a través del cambio o implementación de comportamientos por parte del individuo.
  3. Modelo integral: considera que la necesidad de educar en el ámbito de la salud está relacionado con el desarrollo individual y autónomo del individuo. Además, toma en consideración los análisis y las investigaciones que se realizan, haciendo así partícipe a cada individuo e impulsando un cambio social y personal saludable. En otras palabras, capacita a las personas para desarrollar condiciones de vida saludables, más allá de interiorizar un determinado comportamiento.

Consideramos que el modelo integrador es aquel que ofrece una mayor atención al individuo y, por ello, los docentes deben elegir este modelo ya que, en palabras de González (2006: 69-70):

Desde esta óptica es fácil entender que la EpS no pueda verse como un proceso aislado, al margen de lo que son los procesos educativos básicos. Conseguir que las personas sean cada vez más autónomas y solidarias en el cuidado de su propia salud y la de los demás, que tengan capacidad para elegir las opciones más saludables, que se impliquen en la transformación de los determinantes de salud […] es un proceso formativo global.

EDUCACIÓN PARA LA SALUD EN LOS CENTROS EDUCATIVOS

Es indiscutible preguntarse si el curriculum educativo español contempla estrategias y contenidos relacionados con la EpS ya que, como sabemos, la escuela es sector estratégico para el desarrollo y la promoción de conductas saludables. Sin embargo, cabe preguntarse si es suficiente todo aquello que estipula el curriculum o si es necesario ir más allá y actuar de manera interdisciplinar con las demás instituciones sanitarias y públicas para mejorar y facilitar la labor educativa de nuestros y nuestras docentes.

Existen decenas de programas que se han llevado a cabo para educar en la salud; un programa es eficaz si (Riquelme, 2006):

  • Conserva un vínculo entre el centro y la institución sanitaria.
  • El programa se desarrolla de manera sucesiva (lo más extensiva posible) en cada año y/o etapa educativa.
  • Existe una capacitación para desarrollar hábitos saludables.

Por otro lado, no todos los programas gozan de esas características. Muchos de ellos fracasan debido a una mala coordinación, falta de formación o poca implicación por parte del alumnado; y tras esto debemos preguntarnos: ¿por qué existe poca implicación?

Algunos investigadores lo atribuyen a la falta de comunicación y cooperación entre el centro educativo y la institución sanitaria (Riquelme, 2006; Gavidia, Montero-Pau & Tuzón, 2018). Cada administración autonómica gestiona su implicación de diversa manera y, por esto, no existe una pauta general que ayude a la coordinación, ni confirmación de una enseñanza conjunta. Además, no todos los centros consideran de vital importancia la EpS porque los mismos profesores no la consideran importante, ni creen que deban explicar ciertas estrategias básicas relacionadas con la salud (González, 2008). Una investigación que apoya lo anterior es la realizada por Padilla (2002) en donde establece que un 38.5% de los docentes se consideran promotores de salud, un 66.1% a los padres y un 41.5% a los profesionales de la medicina. Por tanto, esto puede llegar a ocasionar un vacío de información y una falta de organización que hace que el alumnado de cualquier etapa educativa no sepa con certeza cómo afrontar ciertas situaciones de ámbito sanitario, pasando así de un modelo integrador a un modelo divulgativo.

En cuanto a la formación universitaria, existen diferencias entre una titulación y otra como demuestran Torres y Santana (2016). No obstante, todos consideran que, durante su etapa universitaria, es necesario una asignatura de EpS para poder explicar cualquier tema relacionado con ella como: drogas, alcohol, sexo, hábitos saludables, autoestima, entre otros.

En definitiva, se percibe, por parte del profesorado y de los estudiantes de Magisterio, una cierta implicación en los temas relacionados con la EpS, siempre y cuando haya una conexión entre el profesional sanitario y el docente.

CONCLUSIONES

La EpS no entiende de ideología, con lo cual, es imprescindible un pacto entre los distintos partidos políticos para concienciar al actual y futuro cuerpo docente sobre la importancia que tiene conocer contenidos básicos de EpS. Es más, en dicho pacto se debería considerar la implantación de una asignatura en todas las etapas obligatorias de la enseñanza relacionada con EpS en donde se pueda enseñar al alumnado los contenidos primordiales, según su etapa educativa (desde higiene personal, primeros auxilios, hasta temas de sexualidad y drogas en las etapas más avanzadas…), yendo más allá de los meros talleres que se realizan en los centros educativos. Además, no deberíamos olvidar la importancia de la renovación didáctica de nuestros profesores; se debería garantizar un curso anual en donde investiguen, estudien y compartan conocimientos relacionados con la EpS, sin olvidar la coordinación con los organismos sanitarios.

Conocer y capacitar a un individuo en una buena praxis en su salud no debe ser tarea de los profesionales sanitarios, sino que debe ser una formación continua para todo ciudadano de cualquier ideología, religión o sexo. La EpS es una “asignatura en espera” que todos y todas debemos reivindicar. Nuestra salud está por encima de todo porque, sin ella, no construiremos un sólido estado de bienestar. Por todo esto, toda prevención es poca, pero si no hay concienciación por parte de la ciudadanía y de los partidos políticos, seguiremos con una asignatura pendiente: la Educación para la Salud, para tu salud, mi salud y la de todas y todas.

REFERENCIAS

Gavidia V., Montero-Pau J., Tuzón P. (2018). La Educación para la Salud en las leyes de Educación españolas: comparativa entre la LOE y la LOMCE. Rev. Esp. Salud Pública. 92, 1-11.

González, Mª.D. (2006). La salud y sus implicaciones sociales, políticas y educativas. Recuperado de http://rabida.uhu.es/dspace/bitstream/handle/10272/4343/b1437626x.pdf

Padilla, A. J. (2002). Algunos indicadores de calidad en la educación para la salud en la escuela. Escuela Abierta. 5, 317-327.

Riquelme, M. (2006). Educación para la salud escolar. En B. Domínguez monitora del curso. Curso de Actualización Pediatría 2006. Taller llevado a cabo en el curso AEPap, Madrid.

Sánchez, A. y col. (1995). Estructuras de racionalidad en Educación para la Salud: fundamento y sistematización. Revista Sanidad de Higiene Pública. 69, 5-15.

Torres-García, M., & Santana-Hernández, H. (2017). La Educación para la Salud en la formación de maestros desde el Espacio Europeo de Educación Superior. Revista Complutense De Educación, 28(4), 1083-1101. https://doi.org/10.5209/RCED.51536

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