Un nuevo reto...

María del Mar Martínez Sánchez

Publicado el 12/05/2018 16:05

Pese a que hace unos años no era posible saber con exactitud cómo funcionaba nuestro cerebro y qué partes de éste se activaban cuando aprendíamos algo;  debido a los últimos avances conseguidos gracias al desarrollo tecnológico y de las neurociencias, ahora se nos plantea un nuevo reto. Estos progresos, que nos permiten observar qué partes del cerebro se activan cuando aprendemos, nos han  permitido comprobar que existen estrategias pedagógicas que no están funcionando en nuestras escuelas, ya que posiblemente vayan en  contra de cómo funciona nuestra mente a la hora de adquirir conocimientos.
Como se refleja en el desarrollo de nuestra sociedad, la enseñanza reiterativa de contenidos no garantiza una evolución que nos lleve a vivir en un mundo mejor.
Nuestra sociedad no es estática; se encuentra en continua evolución, y por tanto la educación también  debe hacerlo, ya que educamos para profesiones que ni conocemos, para ciudadanos que buscarán una oportunidad o un mejor destino más allá de nuestras fronteras, para una sociedad que avanza de manera vertiginosa en el campo tecnológico. Por tanto, cabe preguntarnos ¿Está realmente el sistema educativo a la altura de las nuevas demandas de esta sociedad? ¿Están avanzando sociedad y educación de manera conjunta?
Por esta razón, familias y demás profesionales de la educación  debemos de reflexionar sobre qué tipo de aprendizajes se deben enseñar desde las escuelas y cómo han de hacerse para estimular en los niños/as la capacidad de querer saber. Apoyándose, no sólo en los distintos paradigmas educativos y grandes pensadores, sino también en los progresos de la neuroeducación.
La neuroeducación nos ha permitido saber que el aprendizaje, a nivel cerebral, es un proceso complejo que se basa  tanto en lo racional  como en el ámbito emocional: “si algo me gusta o me emociona soy capaz de aprender mejor”
Teniendo en cuenta esta premisa,  la escuela debe ser entendida como un  lugar para ayudar a las familias a que los aprendizajes  de sus hijos/as sean sólidos y que estos aprendizajes sean   capaces de aplicarlos a situaciones nuevas,  estando en sintonía con los  avances de la sociedad.
Para ello, lo primero que debemos plantearnos es cómo deben ser estos aprendizajes  para obtener los  resultados deseados   y   por tanto contribuir a este nuevo reto de transformar el aprendizaje en  la escuela. Debemos de pensar que la forma de enseñar deber ser muy realista y  significativa, y  al mismo tiempo esta enseñanza debe  de partir  desde lo que realmente les motiva,  y donde el alumno/a sea protagonista de su propio aprendizaje en el aula.  Pero, ¿Cómo podemos conseguir alcanzar este reto?  Algunos expertos educativos y profesionales de la neuroeducación han definido algunas estrategias muy sencillas y eficaces que nos pueden ofrecer unos resultados excelentes, útiles para niños /as y para la sociedad.
Estrategias

  • Que los aprendizajes conecten con  el mayor número posible de áreas del cerebro. David Bueno nos propone que  los aprendizajes deben de ser  transversales,  es decir, que conecten con el mayor número de áreas del cerebro  posibles; que sean contextualizados y además   que el aprendizaje consiga movilizar   las emociones, la memoria, la toma de decisiones,… Con esta conectividad, los  conocimientos quedarán  mucho más afianzados y el niño/a será  capaz de extrapolarlo a nuevas situaciones.  Para conseguirlo, hemos  de utilizar  metodologías que  sirvan para acercarlos a la realidad. Por ejemplo, el aprendizaje por proyectos, el aprendizaje basado en la resolución de problemas en todos los niveles, podría ser una de las opciones  más acertadas, puesto que van hacer que la realidad forme parte de su día a día.
  • Debemos respetar los diferentes ritmos de aprendizaje. Muchos profesionales de la educación hablan de las nefastas consecuencias  de no tener en cuenta los periodos sensibles para educar. Cada niño/a es diferente y tiene su propio ritmo de aprendizaje. Por tanto, no se debemos adelantar aprendizajes  puesto que  cada niño tiene su propio ritmo de maduración y que debemos respetar para no causar un daño irreversible a su cerebro y a su autoestima, que ser verá reflejado a lo largo de todo su periodo de escolarización.
  • Incrementar las horas de  música, artística y actividad física. Numerosas investigaciones llevadas a cabo en prestigiosas universidades han demostrado que las distintas artes y el ejercicio físico mejoran el funcionamiento del cerebro, potencia la capacidad de solventar problemas y mejoran la capacidad  de aprendizaje en el desempeño en las distintas asignaturas. Por esta razón, el número de horas  de música, artística y educación física debe ser incrementado  en el currículo.
  • Creer en el que aprende y en él que enseña. Hay que empatizar con el alumnado, debemos creer en él y confiar en él.Tenemos que conseguir que dejen de pensar en la escuela  como algo obligatorio, ellos deben de ver el colegio como un lugar bonito y que les va a ser útil a lo largo de su vida. Por tanto, es necesario  creer en nosotros mismos y en nuestra capacidad para transformar la realidad y confiar en que otro tipo de aprendizaje es posible. Esto es posible educando desde la sorpresa, la motivación, la alegría, la resilencia, en un espacio contextualizado.
  • Evitar las situaciones de estrés. Según Anna Fores doctora en Ciencias de la Educación y experta en neurodidáctica, considera que el estrés genera un cerebro inestable. Un cerebro que tendrá menor  capacidad para  gestionar las emociones, menor capacidad de aprender y de utilizar lo aprendido en contextos adecuados. Un recurso adecuado, por tanto, sería generar escenarios donde el niño/a se sienta confiado. Para ello deberemos evitar  aquellas situaciones que generen  al niño/a  un estrés innecesario, como podrían ser los  exámenes a edades tempranas, reválidas o contextos en los que se promueva la competitividad.
  • Fomentar la cooperación. Estudios recientes en neurociencia han puesto de manifiesto que nuestro cerebro aprende mucho más de forma colaborativa que de manera individual. Por esta razón, se debe potenciar una disposición en el aula que favorezca este tipo de aprendizajes y evitar así, disposiciones que prioricen aprendizajes individualistas y competitivos.
  • Utilizar un lenguaje positivo. Nuestra actitud  y lenguaje deben ser siempre positivos, ya que nosotros somos un ejemplo para ellos. El uso  de frases como: “tú puedes”, “lo vas a conseguir” refuerzan la autoestima de los  niño/as logrando así una actitud positiva hacia el aprendizaje.
  • Acercar los problemas individuales de los niños al resto de compañeros. En la  actualidad, cuando un alumno/a tiene un problema lo trasladamos fuera  del aula  y lo llevamos con el especialista pertinente. ¿Pero  no sería  más beneficioso que el especialista entrarán en nuestra clase? De esta forma, estaríamos haciendo participes del problema, al resto de compañeros y todos podríamos aprender de él, por no mencionar que así abordaríamos la situación en su contexto y desde su origen.
  • Generar nuevas propuestas de evaluación. Es necesario buscar nuevas formas de evaluar lo que hemos aprendido. El actual sistema de evaluación convierte el examen en el único instrumento de evaluación y en definitivita, lo que estamos evaluando es sí  el alumno/a  ha adquirido los objetivos establecidos.  Pero deberíamos cuestionarnos ¿En realidad, estamos respetando los diferentes niveles de maduración del cerebro de nuestros alumnos? ¿Estamos realmente  evaluando lo que  han aprendido? O por el contrario, con estos instrumentos lo único que estamos consiguiendo es generar actitudes  de estrés innecesarias, no  respetar  los diferentes niveles de desarrollo cerebral  y además estamos promoviendo el individualismo, la competitividad dentro de nuestras aulas.

Ante una sociedad en constante cambio,  debemos asumir este nuevo reto y adaptar nuestras escuelas y nuestras metodologías a estos vertiginosos cambios sociales, priorizando un aprendizaje emocional y motivacional, generando nuevos espacios educativos. Es alentador saber que, como hemos mostrado, no estamos solos ante tan atrevida empresa; el avance de las neurociencias nos aporta la seguridad científica necesaria para dotar de estabilidad dichos propósitos.  Por tanto debemos asumir con emoción  la vertiginosa tarea de educar.

 

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