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Los antilímites

Anna Maria Soteras Gay

Publicado el 03/10/2019 19:10

La palabra límite, así a bote pronto, de por sí misma ya incide a la frenada. Cuántas veces a lo largo de nuestra propia formación o estando ya en activo en centros escolares no hemos escuchado la palabra LÍMITE. Sí, hay que marcar límites porque de lo contrario desbordaría la anarquía en todos los contextos de nuestra sociedad. Pero también hay que marcar antilímites en otros tantos contextos que conforman el día a día de las escuelas y centros educativos de nuestros pueblos, municipios y ciudades del país. Levantar el pie del pedal de frenada frente a actitudes de represión, contención, extinción incluso ante inpensables actos como pueden ser la proyección de la fantasía, la ilusión o la desbordante imaginación hecha realidad. 

¿De qué manera?, ¿en qué forma?, ¿a través de qué medios?

Sencillamente haciendo realidad aquello que no lo es. Queremos promocionar hábitos de fomento a la lectura, hacer que las niñas y niños se acerquen a los libros, y ¿por qué los libros no se acercan a las niñas y niños? poco creíble, poco probable. Mediante la animación, la adecuación óptima del ambiente y grandes dosis de fantasía, podemos hacer que sean los libros los que se acerquen a ellos. Buscamos momentos a lo largo de la jornada escolar dosificando a tiempos preestablecidos todas aquellas materias y conocimientos que deben ser transmitidos en el momento justo. ¿Y si son los mismos conocimientos los que aparecen justo en el momento óptimo en que la niña o el niño lo descubren? no creemos lo suficiente en las capacidades exploratorias, investigadoras de nuestros alumnos para saber mostrar las cartas en el momento adecuado según su propio desarrollo personal e individual. 

Crea cierta inseguridad no tener el control, dicho de otra manera, saber el límite de aquello que toca o no toca, se debe o no se debe, hay que hacer o no hay que hacer. 

La educación emocional es hoy en día un trabajo novedoso, en auge, privilegiado en las escuelas y centros escolares. Acaso, no era bastante transparente que cuando uno no se siente bien a nivel emocional es practicamente imposible poder acceder a una actitud preparada para recibir. El estado personal nos hace de veleta y marca el rumbo de nuestro bienestar, de ahí que la base de cualquier contexto de aprendizaje sea el antilimite de nuestra proyección emocional, por supuesto mediante el filtrado y pulido de impulsos anticonvivencia. 

Es por todo esto que acceder a los antilímites es la mejor opción.

 

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