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¿Necesitamos una asignatura de educación emocional?

Jesús Francisco García Salado

Publicado el 22/03/2019 11:03

Gestionar las emociones, un aprendizaje vital.

 

Son muchas las corrientes que abogan hoy en día por una nueva perspectiva educativa, enfocada en el desarrollo social y afectivo de los discentes. Sin embargo, estas corrientes se encuentran con las limitaciones del horario y currículo escolar que imponen unas exigencias horarias que traban el desarrollo completo de estos aspectos de carácter trasversal en la educación.

 

Uno de estos contenidos, no curriculares, es el desarrollo de la inteligencia emocional. Antes de profundizar en este aspecto, debemos exponer una definición sobre este concepto: “En sentido amplio, la educación emocional se propone el desarrollo de competencias socio-emocionales tales como conciencia emocional, regulación emocional, control de la impulsividad, autonomía emocional, autoestima, resiliencia, empatía, asertividad, habilidades sociales básicas, fluir, bienestar, etc.” (Garaigordobil, 2018, p. 108)

 

Haciendo una síntesis de la definición anterior, siguiendo a Cadenas y Collado (2013, p. 198) diremos que es hacer un uso efectivo de las emociones, el saber identificarlas y reconocerlas.” Algo fundamental para un desarrollo social saludable, previniendo el desarrollo de trastornos y problemas asociados a conductas disociativas.

 

El mundo de la investigación siempre se ha preocupado principalmente del desarrollo cognitivo, sin embargo, varios autores como Goleman descubrían que el equilibrio y el correcto desarrollo emocional era esencial para alcanzar la máxima potencialidad del individuo. En relación a estos descubrimientos, Cadenas y Collado (2013, p. 201) afirmarán que “el alumnado emocionalmente inteligente no solo será más hábil para percibir, comprender y manejar sus propias emociones, sino también será más capaz de extrapolar sus habilidades de percepción, compresión y manejo a las emociones de los demás.”

 

La Educación Física y su potencialidad en el desarrollo de la inteligencia emocional.

 

Ante esta necesidad, han surgido voces críticas que reclaman una reorganización del currículo que opte por un desarrollo íntegro de la personalidad y el dominio de las emociones. Afrontando las limitaciones anteriormente expuestas, solo puede surgir una posible perjudicada ante estas reclamaciones: el área de Educación Física.

 

Ciertamente, mientras algunos manifiestos tratan de expulsarla de la realidad educativa y es despreciada socialmente, considerada como un área de conocimiento innecesaria. Sin embargo, esas premisas parten desde el desconocimiento de un área con un enfoque que “debe ser participativo, coeducativo, adaptativo, integrador, complementario, coordinado, sano y seguro, así como educativo en la competición.” (Espada y Calero, 2012, p.66)

 

Sin embargo, analizando los contenidos propios del área y su relación trasversal, tal como veremos en la figura 1, el área de Educación Física se basa en unos determinados aspectos fundamentales que constituyen su corpus teórico. Todo ello partiendo de que la base fundamental es el desarrollo de la competencia motriz, que partiendo desde lo expuesto en el Real Decreto 126/2015, de 28 de febrero, por el que se establece el currículo básico de la Educación Primaria, dice que:

 

La integración de los conocimientos, los procedimientos, las actitudes y los sentimientos vinculados a la conducta motora fundamentalmente. Para su consecución no es suficiente con la mera práctica, sino que es necesario el análisis crítico que afiance actitudes, valores referenciados al cuerpo, al movimiento y a la relación con el entorno. (MECD, 2014, p. 48)

 

A continuación, veremos los aspectos fundamentales del área de Educación Física según Fernández y Navarro (1989, recogido por Espada y Calero, 2012, p.66):

 

Figura 1. Aspectos fundamentales de la Educación Física según Fernández y Navarro (1989)

Así pues, analizando los contenidos del área de Educación Física podríamos desmenuzar la implicación de las interacciones socio-afectivas, además de la interrelación entre las relaciones interpersonales e intrapersonales. La disociación de la importancia de la victoria y la derrota, conceptuación de la autoestima y el autoconcepto en base al descubrimiento del cuerpo y sus posibilidades, la aceptación del otro, la coeducación, el respeto a las opiniones y reglas que son aspectos claves para la convivencia o la tolerancia por la diversidad, tal y como recoge la Junta de Andalucía (2015) en el currículo del área de Educación Física, son elementos fundamentales para un adecuado desarrollo de la Inteligencia Emocional.

 

Otro aspecto fundamental, partiendo desde la alarma social generada ante el riesgo de epidemia de obesidad, que puede conducir a que este alumnado “se pueden sentir reprimidos ante el grupo, sin suficiente energía y alegría por expresar sus sentimientos y en algunos casos hasta marginados.” (Vallés-Ortega, 2014, p. 97) Este sentimiento de marginación puede tener repercusiones negativas en el desarrollo y aunque el efecto de una adecuada acción desde el área será indirecta, la potencialidad de un correcto tratamiento y respuesta didáctica puede crear efectos positivos sobre la autoestima del alumno o alumna.

 

 Una de las claves del potente efecto de la Educación Física es la relación entre juego y desarrollo, según Casimiro, Espinoza, Mateo Sánchez y Sande (2013, p. 93) “el juego forma parte de la necesidad diaria del niño, debemos educar a través del juego y para el buen uso del mismo de forma autónoma.”

 

Esto supone un efecto motivacional considerable que permite buscar, tal como sugiere Vallés-Ortega (2014) que las emociones que se desarrollen dentro de la práctica escolar se extrapolen a la vida cotidiana, aprovechando que las particularidades del área permiten un medio ideal para sentir y expresar todo tipo de emociones y sentimientos. Para ello debemos luchar contra las situaciones de competitividad mal gestionada que convierten el área en un espacio de  “discriminación en lugar de un espacio para la integración.” (Casimiro et al, 2013, p. 85)

 

Es por ello que el docente de Educación Física debe buscar el desarrollo de programaciones donde la evaluación se separe de las teorías y concepciones clásicas, las realizaciones prácticas deben perder el peso como aspecto clave del área, tomando más como referencia los aspectos procesuales y actitudinales, dejando al margen las aptitudes y los conceptos aunque sin desterrarlos.

 

Conclusiones

 

El objetivo del enfoque actual reniega del entrenamiento y del desarrollo del dominio técnico-táctico gimnástico-deportivo, sino que busca desarrollar la capacidad diversa y funcional de aproximación a la competencia motriz y la actividad físico-deportiva con la premisa de lograr desarrollar integralmente a nuestros alumnos y alumnas, fomentar hábitos saludables y dotar al alumnado de las estrategias y herramientas para un desarrollo sano física y psíquicamente.

 

En este último aspecto, habremos de centrarnos en el desarrollo de las potencialidades del área, mediante el desarrollo de los valores asociados al juego y al deporte que “favorece el proceso de socialización del escolar, el incremento de su autoestima y supone una fuente indudable de valores positivos: autocontrol, superación, cooperación, disciplina, asunción de normas, compañerismo, solidaridad, respeto, afecto, lucha..., tan necesarios en la sociedad actual.” (Casimiro et al, 2014, p. 85)

 

A modo de conclusión tomaremos la máxima defendida por el currículo de Educación Física (Junta de Andalucía, 2015, p. 485) que indica que la finalidad del área será “hacer que cada plaza, cada barrio y en definitiva, cada rincón de Andalucía, sea una extensión de las actividades realizadas en los patios de las escuelas, para que en ellos se juegue a lo que se juega en los colegios.” Y añadiremos, que además se juegue con las mismas normas de respeto, convivencia, tolerancia y libertad para expresar sentimientos y emociones, que deben promocionarse desde los centros educativos.

 

Referencias bibliográficas:

 

Cadenas Sánchez, C. y Collado Fernández, D. (2013) Educación Emocional ¿Un reto?. E-motion. Revista de Educación, Motricidad e Investigación, 1, 196-211.

 

Casimiro, A.J., Espinoza, R., Mateo Sánchez, C., Sande, J.A. (2013). El maestro de Educación Física educando emociones en un centro marginal. E-motion. Revista de Educación, Motricidad e Investigación, 1, 83-94

 

Espada Mateos, M. y Calero Cano, J.C. (2012). La inteligencia emocional en el área de Educación Física. “La Peonza”. Revista de educación física para la paz, (7), 65-69.

 

Garaigordobil Landazabal, M. (2018). La educación emocional en la infancia y la adolescencia. Participación educativa. Revista del Consejo Escolar del Estado, 5(8), 107-127.

 

Orden de 17 de marzo de 2015, por la que se desarrolla el currículo correspondiente a la Educación Primaria en Andalucía. Boletín Oficial de la Junta de Andalucía. 27 de marzo 2015, Nº 60, p.9- 696.

 

Real Decreto 126/2014, de 28 de febrero, por el que se establece el currículo básico de Educación Primaria. Boletín Oficial del Estado. Madrid, 10 de diciembre de 2014, núm. 52, pp. 19349-19420.

 

Vallés Ortega, C. (2014). El trabajo de las emociones en los contenidos de la Educación Física. E-motion. Revista de Educación, Motricidad e Investigación, 2, 78-87.

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