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La neuroeducación está de moda

cristina hernandez

Publicado el 12/04/2019 21:04

 

“Solo se puede aprender aquello que se ama”. Francisco Mora Teruel 

 

El interés por conocer y crear puentes de entendimiento entre la neurociencia y la educación ha ido aumentando de forma acelerada en los últimos años. Hoy en día se habla de un verdadero “hambre” y, en especial por parte de los maestros, de conocer esa relación entre cerebro y enseñanza.

 

La visión de la educación basada en los conocimientos acerca de cómo funciona el cerebro es lo que podríamos llamar neuroeducación. Ésta, además, comienza a reforzar la existencia del medio social, de la familia y la propia cultura como determinantes de la capacidad de aprender de los niños.

 

 ¿Cómo se puede poner en práctica, día a día, lo que nos enseña la neurociencia? Lo cierto es que es muy difícil. A continuación muestro algunos aspectos clave para aplicar neurodidáctica en el aula:

 

Plasticidad del cerebro:

A diferencia de lo que creíamos hace unos años, en la actualidad, sabemos que nuestro cerebro es tremendamente moldeable. Como consecuencia de la plasticidad del cerebro, éste puede reorganizarse de forma estructural y funcional adaptándose continuamente al aprendizaje y a las experiencias vitales. Esta propiedad del cerebro posibilita que el aprendizaje se dé durante toda la vida y constituye una puerta abierta a la esperanza porque sugiere que siempre podemos esperar la mejora de nuestros alumnos, algo especialmente importante en aquellos con dificultades de aprendizaje.

 

Aunque los aspectos genéticos son importantes, el talento se construye con esfuerzo y una práctica continua. Los docentes deben guiar y acompañar a los alumnos en este proceso de aprendizaje y crecimiento para que puedan crecer como personas educadas en valores que apliquen no solo dentro de la escuela, pero también fuera de ella.

 

La inteligencia no es fija y los alumnos pueden responsabilizarse de lo que aprenden. Es necesario crear entornos de aprendizaje en los que el alumno se sienta seguro y protagonista activo del mismo, reconocer y recompensar su esfuerzo, estimulando su capacidad. Es fundamental que el profesor tenga expectativas positivas sobre la capacidad de sus alumnos. Etiquetar a los alumnos incide de forma negativa sobre el autoconcepto de cada alumno.

 

Los profesores deben esperar lo mejor de sus alumnos. Es importante que crean que sus alumnos son capaces de aprender y desarrollar su intelecto. Los niños y las niñas perciben e interpretan tanto el lenguaje verbal como el no verbal de sus profesores. Si un profesor cree que un niño no es capaz de contestar a una pregunta y no le da la oportunidad de responder, es probable que le perjudique y piense que no es capaz ni va a ser nunca capaz de responder a esa pregunta.

 

Los maestros deben transmitir a sus alumnos que creen en su capacidad para afrontar las dificultades como retos y la convicción de que pueden superarlos.

 

 

Emoción:

Es necesario crear climas emocionales positivos donde los alumnos se sientan seguros, activos, puedan cooperar y el error se asuma con naturalidad porque es parte del proceso de aprendizaje. Un entorno en donde tanto las expectativas del profesor como del alumno sean siempre positivas. Las situaciones positivas activan regiones del hipocampo que es la parte del cerebro encargada de los procesos de memoria y aprendizaje.

 

También es necesario un entorno físico que permita la interacción de los alumnos. El entorno físico en el que se da el aprendizaje afecta a nuestro cerebro porque incide de forma directa sobre el rendimiento y bienestar del alumno.

 

Los centros escolares  deben disponer de talleres y laboratorios que faciliten el trabajo tanto individual como cooperativo y aulas multisensoriales que permitan a los alumnos moverse, manipular, compartir o descubrir.

                                             

Desde el punto de vista de la neuroeducación el docente sigue siendo importante pero se convierte en un guía y facilitador del aprendizaje. Para trabajar de forma cooperativa debe existir una agrupación de mesas que facilite la necesaria interacción entre los participantes del grupo. Además de la disposición de las mesas debemos tener en cuenta, la iluminación, la temperatura del aula, el color y la decoración o el ruido. Esto es lo que se conoce como neuroarquitectura del aula.

 

La educación emocional, de la que tanto se habla hoy en día, tiene una incidencia positiva en la educación por lo que se debería integrar en todas las etapas educativas. La neurociencia está demostrando que no podemos separar lo cognitivo de lo emocional. Algunas emociones como el optimismo, la resiliencia o el autocontrol pueden mejorarse desde las primeras etapas educativas con programas como el Proyecto de educación emocional en la Comunidad de Madrid o en las Islas Canarias donde ya se ha incluido como área en el currículo de Educación Primaria.

 

Los alumnos deben trabajar la calma interior, tener conciencia de uno mismo, control de las emociones, relación con los demás y aprender a tomar buenas decisiones. Dentro de la educación emocional se han demostrado los beneficios de integrar estrategias como el mindfulness.

 

Motivación:

 “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”. - Benjamin Franklin.       

                     

Se sabe que la actividad cerebral del alumno es mínima cuando se convierte en receptor pasivo de la información, pero esa actividad aumenta mucho más cuando participa directamente en el proceso de aprendizaje.  Para ello es necesario que desde el aula, el profesor motive a sus alumnos y les involucre en el proceso de enseñanza – aprendizaje.

 

Se ha comprobado gracias a la neurociencia que, para despertar la chispa emocional del aprendizaje (motivación inicial)  y para mantener la llama del proceso (motivación de logro),  resulta muy importante suscitar el interés y despertar la curiosidad del alumno relacionando el aprendizaje a la realidad, generando dinámicas en el aula que conviertan al alumno en el protagonista activo del aprendizaje, proponiéndoles retos adecuados teniendo en cuenta sus conocimientos previos y fomentando la cooperación.

 

Es muy importante provocar ese chispazo en cada clase: la curiosidad, es decir, haciendo curioso lo que se enseña. La curiosidad es la llave que abre las ventanas de la atención, y con ella el aprendizaje y la memoria.

 

Dentro del aula existen diferentes estrategias para fomentar la creatividad proponiendo problemas o tareas mas abiertas en las que el alumno tenga que resolverlas dando importancia a la originalidad de las ideas.

 

Desde la perspectiva metodológica, resulta necesario fomentar el trabajo por proyectos en los que el alumno pueda elegir el tema de investigación y se plantean los objetivos de aprendizaje atendiendo a sus necesidades individuales, o el aprendizaje por indagación en el que vamos guiando el proceso a través de preguntas que convierten al alumno en un investigador promoviendo su autonomía en el proceso.

La integración de asignaturas como música, dibujo o teatro  con los distintos contenidos curriculares son buenas para fomentar la creatividad.

 

La motivación y curiosidad están muy unidas a la atención. 

 

Atención:

La atención es la ventana por la cual el cerebro se asoma al mundo; sirve para concentrarnos en lo que deseamos hacer. Las emociones despiertan la atención.

                      

Sabiendo que la atención es un recurso limitado y que existen diferentes redes atencionales debemos gestionar los tiempos de atención fraccionando la clase en tiempos de 10-15 minutos. Por ello el comienzo de la clase debería ser aprovechado para analizar las cuestiones más importantes o para plantear ese reto que despierte la necesaria curiosidad del alumnado, mientras que, en los últimos minutos, el alumno debería realizar alguna tarea que le permitiera sintetizar los contenidos explicados durante esa hora.  

                                                      

Se ha comprobado que para mejorar los procesos atencionales son de utilidad técnicas de relajación o meditación como el mindfulnees o la actividad física.

 

 

Aprendizaje y memoria:

Aprender por y para la vida es un proceso continuo que resulta indispensable desde la perspectiva neuroeducativa.

 Nuestro cerebro es social por lo que está capacitado para aprender a través de la interacción y la imitación. El aprendizaje, por tanto, tiene una naturaleza social.

 

Podríamos decir que la memoria y el aprendizaje son procesos que van unidos de la mano. No hay aprendizaje sin memoria y la emoción es clave para recordar lo que se aprende.

                        

Dentro de la escuela neurodidáctica se da importancia al proceso de aprendizaje en sí y no solo a los exámenes o resultados de los mismos. A la hora de evaluar a los alumnos se debe tener en cuenta el esfuerzo, la participación o el trabajo mostrado a diario. Todo esto se puede conseguir en el aula trabajando de forma cooperativa.

 

En el aula debemos relacionar situaciones de la vida cotidiana, situaciones reales, con lo que se va a aprender. Debemos pasar de lo concreto a lo abstracto. Aquí podemos poner ejemplos de estrategias como los Proyectos aprendizaje y servicio donde se vincula un contenido en el cual colaboran y participan distintas personas.

 

No debemos olvidar que el  razonamiento está estrechamente ligado a la parte de la movilidad. El cerebro conecta la parte física con la parte cognitiva.

 

Juego:

El juego es imprescindible para el aprendizaje, en el confluyen placer, emociones y recompensa. Es por ello que hoy en día está en auge la gamificación  del aula o los escape room de alguna unidad didáctica a dar.

 

En el aula, se puede jugar de formas diversas pero siempre en consonancia con los objetivos de aprendizaje identificados. Así, por ejemplo, se ha demostrado que los puzles o juegos de bloques son muy útiles para mejorar la orientación espacial que es tan importante en matemáticas  o el ajedrez porque incide en el desarrollo de diversas funciones ejecutivas porque cultiva el hábito de la reflexión, la concentración o la toma de decisiones.

 

 

 

 

Ejercicio físico:   

La actividad física tiene una incidencia positiva sobre el cerebro. Cuando niños o adolescentes desarrollan una actividad física de intensidad moderada entre 20 y 30 minutos y luego realizan unas pruebas de autocontrol que requieren concentración o relacionadas con competencias académicas como las lingüísticas o aritméticas, obtienen mejores resultados que  aquellos que han estado el tiempo previo a las pruebas en una situación pasiva. Todo esto sugiere la necesidad de reconsiderar el tiempo dedicado a la actividad física en la escuela y el mismo tiempo de recreo como partes esenciales del currículo. Con el ejercicio físico se mejora la atención y la concentración del alumno.

 

Ap. Cooperativo:

Desde que nacemos nuestro cerebro se desarrolla en continua interacción con otros cerebros por lo que , en el colegio,  se debería continuar fomentando este tipo de conducta cooperativa.

 

Ya hemos hablado antes que el cerebro tiene una naturaleza social. Debido a esa propiedad es muy importante fomentar la cooperación en el aula  tanto entre el profesorado como entre los alumnos. Para cooperar debemos ir enseñando a los alumnos una serie de competencias sociales y emocionales como la toma de decisiones, la responsabilidad, el respeto, la solidaridad o la resolución de conflictos. Los alumnos irán poco a poco adquiriendo confianza y fortaleciendo su pertenencia al grupo para utilizar y trabajar con las estructuras propias del trabajo cooperativo.

 

Funciones ejecutivas:

Desde la neuroeducación se quiere dar importancia al proceso y no al resultado, por lo que se hace hincapié en las llamadas funciones ejecutivas del cerebro, aquellas que nos permiten planificar y tomar decisiones adecuadas como el autocontrol o la memoria de trabajo.

 

Las funciones ejecutivas del cerebro como el autocontrol, la flexibilidad cognitiva o la memoria de trabajo nos permiten planificar y tomar decisiones adecuadas por lo que es muy importante para la educación.

 

Conclusiones:

El análisis práctico de algunos aspectos  de la neuroeducación me hacen  reflexionar como docente y me invitan a cambiar tanto la forma de estructurar mi aula como buscar estrategias novedosas que tengan en cuenta factores tan importantes para el aprendizaje como las emociones, la atención, la motivación y la creatividad.

 

 

Bibliografía:

 

Francisco Mora. Neuroeducación. Sólo se puede aprender aquello que se ama.

 

https://escuelaconcerebro.wordpress.com/2012/10/04/neuroplasticidad-un-nuevo-paradigma-para-la-educacion/

 

http://www.niuco.es/2016/03/

 

https://escuelaconcerebro.wordpress.com/2017/06/19/neuroeducacion-en-el-aula-de-la-teoria-a-la-practica/

 

 

https://escuelaconcerebro.wordpress.com

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